{"id":13521,"date":"2025-12-04T22:36:20","date_gmt":"2025-12-04T21:36:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/carta-apostolica-in-unitate-fidei-de-leon-xiv\/"},"modified":"2025-12-04T22:36:56","modified_gmt":"2025-12-04T21:36:56","slug":"carta-apostolica-in-unitate-fidei-de-leon-xiv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/es\/carta-apostolica-in-unitate-fidei-de-leon-xiv\/","title":{"rendered":"CARTA APOST\u00d3LICA \u00abIN UNITATE FIDEI\u00bb de LE\u00d3N XIV"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>IN UNITATE FIDEI CON MOTIVO DEL 1700 ANIVERSARIO DEL CONCILIO DE NICEA<\/strong><\/p>\n\n<p>1. En la unidad de la fe, proclamada desde los or\u00edgenes de la Iglesia, los cristianos est\u00e1n llamados a caminar juntos, custodiando y transmitiendo con amor y alegr\u00eda el don que han recibido. Este don se expresa en las palabras del Credo: \u00abCreemos en Jesucristo, Hijo \u00fanico de Dios, bajado del cielo para nuestra salvaci\u00f3n\u00bb, formulado por el Concilio de Nicea, primer acontecimiento ecum\u00e9nico de la historia del cristianismo, hace 1700 a\u00f1os. <\/p>\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Mientras me dispongo a realizar mi <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/travels\/2025\/documents\/turchia-libano-2025.html\">viaje apost\u00f3lico a Turqu\u00eda<\/a>, deseo, con esta Carta, alentar en toda la Iglesia un renovado impulso en la profesi\u00f3n de fe, cuya verdad, que desde hace siglos es patrimonio com\u00fan de los cristianos, merece ser confesada y profundizada de un modo siempre nuevo y actual. A este respecto, se ha aprobado un rico documento de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional:   <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/cti_documents\/rc_cti_doc_20250403_1700-nicea_fr.html\">Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. 1700 aniversario del Concilio Ecum\u00e9nico de Nicea <\/a><\/em>. Me refiero a \u00e9l porque ofrece \u00fatiles reflexiones sobre la importancia y relevancia del Concilio de Nicea, no s\u00f3lo teol\u00f3gica y eclesialmente, sino tambi\u00e9n cultural y socialmente.<\/p>\n\n<p>2. \u00abComienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios\u00bb. As\u00ed titula San Marcos su Evangelio, resumiendo el conjunto de su mensaje bajo el signo de la filiaci\u00f3n divina de Jesucristo. Del mismo modo, el ap\u00f3stol Pablo se sabe llamado a proclamar el Evangelio de Dios sobre su Hijo muerto y resucitado por nosotros (cf. <em>Rm<\/em> 1,9), que es el \u00abs\u00ed\u00bb definitivo de Dios a las promesas de los profetas (cf. <em>2 Co <\/em>1,19-20). En Jesucristo, el Verbo que era Dios antes de los tiempos y por quien se hicieron todas las cosas -como dice el pr\u00f3logo del Evangelio de San Juan- \u00abse hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros\u00bb<em>(Jn<\/em> 1,14). En \u00e9l, Dios se hizo nuestro pr\u00f3jimo, de modo que todo lo que hacemos por cada uno de nuestros hermanos y hermanas, lo hacemos por \u00e9l (cf. <em>Mt <\/em>25,40).    <\/p>\n\n<p>Por eso es una coincidencia providencial que, en este A\u00f1o Santo dedicado a nuestra esperanza, que es Cristo, celebremos tambi\u00e9n el 1700 aniversario del primer Concilio Ecum\u00e9nico de Nicea, que en 325 proclam\u00f3 la profesi\u00f3n de fe en Jesucristo, el Hijo de Dios. \u00c9ste es el coraz\u00f3n de la fe cristiana. A\u00fan hoy, en la celebraci\u00f3n dominical de la Eucarist\u00eda, pronunciamos el Credo Niceno-Constantinopolitano, la profesi\u00f3n de fe que une a todos los cristianos. Nos da esperanza en los tiempos dif\u00edciles que vivimos, en medio de muchos miedos y preocupaciones, amenazas de guerra y violencia, cat\u00e1strofes naturales, graves injusticias y desequilibrios, hambre y miseria que padecen millones de nuestros hermanos y hermanas.   <\/p>\n\n<p>3. Los tiempos del Concilio de Nicea no fueron menos agitados. Cuando se inaugur\u00f3 en 325, las heridas de la persecuci\u00f3n contra los cristianos a\u00fan estaban abiertas. El Edicto de Tolerancia de Mil\u00e1n (313), promulgado por los dos emperadores Constantino y Licinio, anunciaba el amanecer de una nueva era de paz. Sin embargo, pronto surgieron disputas y conflictos en el seno de la Iglesia a ra\u00edz de las amenazas externas.   <\/p>\n\n<p>Arrio, sacerdote de Alejandr\u00eda de Egipto, ense\u00f1aba que Jes\u00fas no era realmente el Hijo de Dios, aunque no fuera una mera criatura; ser\u00eda un ser intermediario entre el Dios inaccesible y nosotros. Adem\u00e1s, habr\u00eda habido un tiempo en que el Hijo \u00abno era\u00bb. Esto correspond\u00eda a la mentalidad generalizada de la \u00e9poca y, por tanto, parec\u00eda plausible.  <\/p>\n\n<p>Pero Dios no abandona a su Iglesia; siempre suscita hombres y mujeres valientes, testigos de la fe y pastores que gu\u00edan a su pueblo y le muestran el camino del Evangelio. El obispo Alejandro de Alejandr\u00eda se dio cuenta de que las ense\u00f1anzas de Arrio no concordaban en absoluto con la Sagrada Escritura. Como Arrio no era conciliador, Alejandro convoc\u00f3 a los obispos de Egipto y Libia a un s\u00ednodo que conden\u00f3 las ense\u00f1anzas de Arrio; luego envi\u00f3 una carta a los dem\u00e1s obispos orientales para informarles detalladamente. En Occidente, el obispo Osio de C\u00f3rdoba (Espa\u00f1a), que ya hab\u00eda demostrado ser un ferviente confesor de la fe durante la persecuci\u00f3n bajo el emperador Maximiano y gozaba de la confianza del obispo de Roma, el papa Silvestre, pas\u00f3 a la acci\u00f3n.   <\/p>\n\n<p>Pero los seguidores de Arrio tambi\u00e9n se unieron. Esto condujo a una de las mayores crisis de la historia de la Iglesia en el primer milenio. El motivo de la disputa no era un detalle menor. Se trataba del coraz\u00f3n mismo de la fe cristiana, la respuesta a la pregunta decisiva que Jes\u00fas hab\u00eda formulado a sus disc\u00edpulos en Cesarea de Filipo: \u00abPero, \u00bfqui\u00e9n soy yo para vosotros?\u00bb<em>(Mt <\/em>16,15).   <\/p>\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"740\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Peres-du-Concile-de-Nicee-II-787-740x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-13508\" style=\"aspect-ratio:0.7222253568808893;width:326px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Peres-du-Concile-de-Nicee-II-787-740x1024.png 740w, https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Peres-du-Concile-de-Nicee-II-787-217x300.png 217w, https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Peres-du-Concile-de-Nicee-II-787-768x1063.png 768w, https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Peres-du-Concile-de-Nicee-II-787.png 1040w\" sizes=\"(max-width: 740px) 100vw, 740px\" \/><\/figure>\n\n<p>4. Mientras arreciaba la controversia, el emperador Constantino se dio cuenta de que la unidad del Imperio estaba amenazada junto con la unidad de la Iglesia. Por ello convoc\u00f3 a todos los obispos a un concilio ecum\u00e9nico, es decir, universal, en Nicea, con el fin de restablecer la unidad. El s\u00ednodo, llamado \u00abde los 318 Padres\u00bb, se celebr\u00f3 bajo la presidencia del emperador. El n\u00famero de obispos reunidos no ten\u00eda precedentes. Algunos de ellos a\u00fan llevaban las cicatrices de las torturas que hab\u00edan sufrido durante la persecuci\u00f3n. La gran mayor\u00eda proced\u00eda de Oriente, aunque parece que s\u00f3lo cinco eran de Occidente. El papa Silvestre confi\u00f3 en el teol\u00f3gicamente influyente obispo Osio de C\u00f3rdoba, y envi\u00f3 a dos sacerdotes romanos.      <\/p>\n\n<p>5. Los Padres conciliares dieron testimonio de su fidelidad a la Sagrada Escritura y a la Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica, profesada en el bautismo seg\u00fan el mandato de Jes\u00fas: \u00abId, pues, y haced disc\u00edpulos a todas las gentes, bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb <em>(Mt<\/em> 28,19). En Occidente exist\u00edan varias f\u00f3rmulas, entre ellas el Credo de los Ap\u00f3stoles. <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn1\">[1]<\/a> Tambi\u00e9n en Oriente exist\u00edan muchas profesiones bautismales, de estructura similar. No se trataba de lenguajes eruditos y complicados, sino -como se dijo m\u00e1s tarde- de un lenguaje sencillo, comprensible para los pescadores del mar de Galilea.  <\/p>\n\n<p>Sobre esta base, el Credo de Nicea comenzaba profesando: \u00abCreemos en <em>un solo<\/em> Dios, el Padre Todopoderoso, creador de todos los seres visibles e invisibles\u00bb. [ <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn2\">2]<\/a> As\u00ed expresaron los Padres del Concilio su fe en el \u00fanico Dios. No hubo controversia sobre este tema en el Concilio. Sin embargo, se debati\u00f3 un segundo art\u00edculo que tambi\u00e9n utilizaba el lenguaje de la Biblia para profesar la fe en <em>\u00abun solo <\/em>Se\u00f1or, Jesucristo, Hijo de Dios\u00bb. El debate surgi\u00f3 de la necesidad de responder a la pregunta planteada por Arrio sobre c\u00f3mo deb\u00eda entenderse la expresi\u00f3n \u00abHijo de Dios\u00bb y c\u00f3mo pod\u00eda conciliarse con el monote\u00edsmo b\u00edblico. Por tanto, se pidi\u00f3 al Concilio que definiera el significado correcto de la fe en Jes\u00fas como \u00abHijo de Dios\u00bb.    <\/p>\n\n<p>Los Padres confesaron que Jes\u00fas es Hijo de Dios en cuanto es <em>\u00abde la sustancia<\/em> (ousia) del Padre [&#8230;] engendrado, no creado, de la misma sustancia ( <em>homoo\u00fasios<\/em>) que el Padre\u00bb. Esta definici\u00f3n rechazaba radicalmente la tesis de Arrio. [ <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn3\">3]<\/a> Para expresar la verdad de la fe, el Concilio utiliz\u00f3 dos palabras, \u00absustancia\u00bb ( <em>ousia<\/em>) y \u00abde la misma sustancia\u00bb ( <em>homoo\u00fasios<\/em>), que no se encuentran en la Escritura. Al hacerlo, no quiso sustituir las afirmaciones b\u00edblicas por la filosof\u00eda griega. Al contrario, el Concilio utiliz\u00f3 estos t\u00e9rminos para afirmar claramente la fe b\u00edblica, distingui\u00e9ndola del error helenizante de Arrio. Por tanto, la acusaci\u00f3n de helenizaci\u00f3n no se aplica a los Padres nicenos, sino a la falsa doctrina de Arrio y sus seguidores.    <\/p>\n\n<p>En sentido positivo, los Padres nicenos quisieron permanecer firmemente fieles al monote\u00edsmo b\u00edblico y al realismo de la Encarnaci\u00f3n. Quer\u00edan reafirmar que el \u00fanico Dios verdadero no est\u00e1 lejos de nosotros, inaccesible, sino que, por el contrario, se acerc\u00f3 a nosotros y sali\u00f3 a nuestro encuentro en Jesucristo. <\/p>\n\n<p>6. Para expresar su mensaje en el lenguaje sencillo de la Biblia y de la liturgia familiar a todo el pueblo de Dios, el Concilio retoma ciertas formulaciones de la profesi\u00f3n bautismal: \u00abDios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero\u00bb. A continuaci\u00f3n, el Concilio retoma la met\u00e1fora b\u00edblica de la luz: \u00abDios es luz\u00bb<em>(1 Jn <\/em>1,5; cf. <em>Jn <\/em>1,4-5). As\u00ed como la luz se irradia y se comunica sin desvanecerse, el Hijo es el reflejo<g id=\"gid_2\">(apaugasma<\/g>) de la gloria de Dios y la imagen<g id=\"gid_3\">(car\u00e1cter)<\/g> de su ser<g id=\"gid_4\">(ipostasi)<\/g>(cf. <g id=\"gid_5\">Heb <\/g>1,3; <g id=\"gid_6\">2 Cor <\/g>4,4). El Hijo encarnado, Jes\u00fas, es, por tanto, la luz del mundo y de la vida (cf. <g id=\"gid_7\">Jn <\/g>8,12). Por el bautismo, se iluminan los ojos de nuestro coraz\u00f3n (cf. <em>Ef <\/em>1,18), para que tambi\u00e9n nosotros seamos luz en el mundo (cf. <em>Mt <\/em>5,14).    <\/p>\n\n<p>Por \u00faltimo, el Credo afirma que el Hijo es \u00abDios verdadero de Dios verdadero\u00bb. En varios lugares, la Biblia distingue entre los \u00eddolos muertos y el Dios vivo y verdadero. El Dios verdadero es el Dios que habla y act\u00faa en la historia de la salvaci\u00f3n: el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que se revel\u00f3 a Mois\u00e9s en la zarza ardiente (cf. <em>Ex <\/em>3,14), el Dios que ve la miseria del pueblo, escucha su clamor, lo gu\u00eda y acompa\u00f1a por el desierto con la columna de fuego (cf. <em>Ex <\/em>13,21), le habla con voz atronadora (cf. <em>Dt <\/em>5,26) y se compadece de \u00e9l (cf. <em>Os <\/em>11,8-9). Por eso, los cristianos est\u00e1n llamados a convertirse de los \u00eddolos muertos al Dios vivo y verdadero (cf. <em>Hch <\/em>12,25; <em>1 Ts <\/em>1,9). En este sentido confes\u00f3 Sim\u00f3n Pedro en Cesarea de Filipo: \u00abT\u00fa eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo\u00bb<em>(Mt <\/em>16,16).    <\/p>\n\n<p>7. El Credo Niceno no es una teor\u00eda filos\u00f3fica. Profesa la fe en Dios, que nos redimi\u00f3 por medio de Jesucristo. \u00c9l es el Dios vivo: quiere que tengamos vida y que la tengamos en abundancia (cf. <em>Jn <\/em>10,10). Por eso el Credo contin\u00faa con las palabras de la profesi\u00f3n bautismal: el Hijo de Dios que \u00abpor nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n baj\u00f3, se encarn\u00f3 y se hizo hombre, muri\u00f3, resucit\u00f3 al tercer d\u00eda, subi\u00f3 al cielo y vendr\u00e1 a juzgar a vivos y muertos\u00bb. Esto muestra claramente que las afirmaciones cristol\u00f3gicas del Concilio forman parte de la historia de la salvaci\u00f3n entre Dios y sus criaturas.    <\/p>\n\n<p>San Atanasio, que hab\u00eda participado en el Concilio como di\u00e1cono del obispo Alejandro y le hab\u00eda sucedido en la sede de Alejandr\u00eda de Egipto, subray\u00f3 repetida y en\u00e9rgicamente la dimensi\u00f3n soteriol\u00f3gica expresada por el Credo Niceno. Escribi\u00f3 que el Hijo, habiendo bajado del cielo, \u00abnos hizo hijos del Padre y, habi\u00e9ndose hecho \u00e9l mismo hombre, diviniz\u00f3 a los hombres. No se hizo Dios a partir del hombre que era, sino que, a partir del Dios que era, se hizo hombre para divinizarnos\u00bb. [ <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn4\">4]<\/a> Esto s\u00f3lo es posible si el Hijo es verdaderamente Dios: ning\u00fan ser mortal puede vencer a la muerte y salvarnos; s\u00f3lo Dios puede hacerlo. Fue Dios quien nos liber\u00f3 en su Hijo hecho hombre, para que fu\u00e9ramos libres (cf. <em>Ga<\/em> 5,1).  <\/p>\n\n<p>En el Credo de Nicea hay que destacar el verbo <em>\u00abdescendi\u00f3\u00bb<\/em>. San Pablo describe este movimiento con expresiones poderosas: \u00ab[Cristo] se despoj\u00f3 de s\u00ed mismo, tomando forma de esclavo y haci\u00e9ndose semejante a los hombres\u00bb<em>(Flp <\/em>2,7). Como dice el pr\u00f3logo del Evangelio de San Juan, \u00abel Verbo se hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros\u00bb<em>(Jn <\/em>1,14). Por eso, como ense\u00f1a la Carta a los Hebreos, \u00abno tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, Aquel que fue probado en todo menos en el pecado\u00bb<em>(Hb <\/em>4,15). La v\u00edspera de su muerte, se inclin\u00f3 como un esclavo para lavar los pies a sus disc\u00edpulos (cf. <g id=\"gid_4\">Jn <\/g>13,1-17). Y s\u00f3lo cuando pudo meter los dedos en la herida del costado del Se\u00f1or resucitado, el ap\u00f3stol Tom\u00e1s confes\u00f3: \u00abSe\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo\u00bb<em>(Jn<\/em> 20,28).     <\/p>\n\n<p>Precisamente en virtud de su encarnaci\u00f3n, encontramos al Se\u00f1or en nuestros hermanos necesitados: \u00abEn cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed lo hicisteis\u00bb<em>(Mt <\/em>25,40). As\u00ed pues, el Credo de Nicea no nos habla de un Dios lejano, inaccesible, inm\u00f3vil, que descansa en s\u00ed mismo, sino de un Dios que est\u00e1 cerca de nosotros, que nos acompa\u00f1a mientras caminamos por los senderos del mundo y en los lugares m\u00e1s oscuros de la tierra. Su inmensidad se muestra en el hecho de que se hace peque\u00f1o, de que se despoja de su infinita majestad para hacerse nuestro pr\u00f3jimo en lo peque\u00f1o y en lo pobre. Este hecho revoluciona las concepciones paganas y filos\u00f3ficas de Dios.   <\/p>\n\n<p>Otra palabra del Credo de Nicea es especialmente reveladora para nosotros hoy. La afirmaci\u00f3n b\u00edblica \u00abtom\u00f3 carne\u00bb se aclara a\u00f1adiendo la palabra \u00abhombre\u00bb tras la palabra \u00abencarnado\u00bb. De este modo, Nicea se distancia de la falsa doctrina seg\u00fan la cual el <em>Logos <\/em>s\u00f3lo tom\u00f3 un cuerpo como envoltura externa, pero no tom\u00f3 el alma humana dotada de inteligencia y libre albedr\u00edo. Por el contrario, quiso afirmar lo que el Concilio de Calcedonia (451) declarar\u00eda expl\u00edcitamente: en Cristo, Dios tom\u00f3 y redimi\u00f3 a todo el ser humano, con su cuerpo y su alma. El Hijo de Dios se hizo hombre -explica san Atanasio- para que nosotros, los hombres, nos hici\u00e9ramos divinos. [ <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn5\">5]<\/a> Esta comprensi\u00f3n luminosa de la Revelaci\u00f3n divina hab\u00eda sido preparada por san Ireneo de Lyon y Or\u00edgenes, y luego desarrollada con gran riqueza en la espiritualidad oriental.    <\/p>\n\n<p>La divinizaci\u00f3n no tiene nada que ver con la autodeificaci\u00f3n del hombre. Al contrario, la divinizaci\u00f3n nos preserva de la tentaci\u00f3n primordial de querer ser como Dios (cf. <em>Gn<\/em> 3,5). Lo que Cristo es por naturaleza, nosotros llegamos a serlo por gracia. Mediante la obra de la redenci\u00f3n, Dios no s\u00f3lo ha restaurado nuestra dignidad humana como imagen de Dios, sino que Aquel que nos cre\u00f3 de un modo tan maravilloso nos ha hecho part\u00edcipes, de un modo a\u00fan m\u00e1s admirable, de su naturaleza divina (cf. <em>2 Pe <\/em>1,4).   <\/p>\n\n<p>La divinizaci\u00f3n es, pues, la verdadera humanizaci\u00f3n. Por eso la existencia humana apunta m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed misma, busca m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed misma, desea m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed misma y est\u00e1 inquieta mientras no descanse en Dios: <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn6\">[6<\/a> ] <em>Deus enim solus satiat<\/em>, \u00a1S\u00f3lo Dios satisface al hombre! [ <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn7\">7]<\/a> S\u00f3lo Dios, en su infinitud, puede satisfacer el deseo infinito del coraz\u00f3n humano; por eso el Hijo de Dios quiso hacerse nuestro hermano y nuestro redentor. <\/p>\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"600\" height=\"330\" src=\"https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/concilio_nicea-600x330-1.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-13512\" srcset=\"https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/concilio_nicea-600x330-1.png 600w, https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/concilio_nicea-600x330-1-300x165.png 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/figure>\n\n<p>8. Hemos dicho que Nicea rechaz\u00f3 claramente las ense\u00f1anzas de Arrio. Pero Arrio y sus seguidores no fueron derrotados. El propio emperador Constantino y sus sucesores se pusieron cada vez m\u00e1s del lado de los arrianos. El t\u00e9rmino <g id=\"gid_0\">homoo\u00fasios<\/g> se convirti\u00f3 en la manzana de la discordia entre cristianos nicenos y antinicenos, desencadenando otros graves conflictos. San Basilio de Cesarea describe la confusi\u00f3n resultante con im\u00e1genes elocuentes, compar\u00e1ndola con una batalla naval nocturna en medio de una violenta tormenta, <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn8\">[8<\/a> ] mientras que San Hilario da testimonio de la ortodoxia de los laicos en relaci\u00f3n con el arrianismo de muchos obispos, reconociendo que \u00ablos o\u00eddos del pueblo son m\u00e1s santos que los corazones de los sacerdotes\u00bb. <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn9\">[9]<\/a>    <\/p>\n\n<p>La roca del credo niceno fue san Atanasio, inflexible y firme en su fe. Aunque fue depuesto y expulsado cinco veces de la sede episcopal de Alejandr\u00eda, regres\u00f3 cada vez como obispo. Incluso en el exilio, sigui\u00f3 guiando al pueblo de Dios a trav\u00e9s de sus escritos y cartas. Como Mois\u00e9s, Atanasio no pudo entrar en la tierra prometida de la paz eclesial. Esta gracia estar\u00eda reservada a una nueva generaci\u00f3n, conocida como los \u00abj\u00f3venes nicenos\u00bb: en Oriente, los tres Padres Capadocios, San Basilio de Cesarea (c. 330-379), apodado \u00abel Grande\u00bb, su hermano San Gregorio de Nisa (335-394) y el mayor amigo de Basilio, San Gregorio Nacianceno (329\/30-390). En Occidente, San Hilario de Poitiers (c. 315-367) y su disc\u00edpulo San Mart\u00edn de Tours (c. 316-397) desempe\u00f1aron un papel importante. Sobre todo, san Ambrosio de Mil\u00e1n (333-397) y san Agust\u00edn de Hipona (354-430).      <\/p>\n\n<p>El m\u00e9rito de los tres Capadocios, en particular, fue completar la formulaci\u00f3n del Credo Niceno, mostrando que la Unidad y la Trinidad de Dios no son en modo alguno contradictorias. En este contexto se formul\u00f3 el art\u00edculo de fe sobre el Esp\u00edritu Santo en el Primer Concilio de Constantinopla en 381. El Credo, que desde entonces se denomina Credo Niceno-Constantinopolitano, reza as\u00ed: \u00abCreemos en el Esp\u00edritu Santo, que es Se\u00f1or y dador de vida, y que procede del Padre. Junto con el Padre y el Hijo, es adorado y glorificado, y habl\u00f3 por medio de los profetas\u00bb.    <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn10\">[10]<\/a><\/p>\n\n<p>Desde el Concilio de Calcedonia en 451, el Concilio de Constantinopla fue reconocido como ecum\u00e9nico y el Credo niceno-constantinopolitano fue declarado universalmente vinculante. [ <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn11\">11]<\/a> Constituy\u00f3 as\u00ed un v\u00ednculo de unidad entre Oriente y Occidente. En el siglo XVI, las comunidades eclesiales surgidas de la Reforma tambi\u00e9n lo conservaron. El Credo Niceno-Constantinopolitano es, pues, la profesi\u00f3n com\u00fan de todas las tradiciones cristianas.  <\/p>\n\n<p>9. El camino que condujo de la Sagrada Escritura a la profesi\u00f3n de fe nicena, luego a su recepci\u00f3n por Constantinopla y Calcedonia, y hasta los siglos <sup>XVI<\/sup> y <sup>XXI<\/sup>, fue largo y lineal. Todos nosotros, disc\u00edpulos de Jesucristo, \u00aben el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo\u00bb, somos bautizados, nos persignamos y somos bendecidos. Cada vez terminamos la oraci\u00f3n de los salmos en la Liturgia de las Horas con \u00abGloria al Padre, y al Hijo, y al Esp\u00edritu Santo\u00bb. Por tanto, la liturgia y la vida cristiana est\u00e1n firmemente arraigadas en el Credo Niceno-Constantinopolitano: lo que decimos con la boca debe salir del coraz\u00f3n, para ser testimoniado en nuestra vida. As\u00ed pues, debemos preguntarnos: \u00bfcu\u00e1l es hoy el estado de nuestra recepci\u00f3n interior del Credo? \u00bfSentimos que tambi\u00e9n concierne a nuestra situaci\u00f3n actual? \u00bfComprendemos y vivimos lo que decimos cada domingo, y qu\u00e9 significa para nuestras vidas?      <\/p>\n\n<p>10. El Credo Niceno comienza profesando la fe en Dios, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Hoy en d\u00eda, para muchas personas, Dios y la cuesti\u00f3n de Dios casi no tienen sentido en la vida. El <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/index_fr.htm\">Concilio Vaticano<\/a> II subray\u00f3 que los cristianos son responsables, al menos en parte, de esta situaci\u00f3n, porque no dan testimonio de la verdadera fe y ocultan el verdadero rostro de Dios con estilos de vida y acciones alejados del Evangelio. [ <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn12\">12]<\/a> Se han librado guerras y se ha matado, perseguido y discriminado en nombre de Dios. En lugar de proclamar a un Dios misericordioso, se ha hablado de un Dios vengativo que inspira terror y castiga.   <\/p>\n\n<p>El Credo Niceno nos invita a hacer un examen de conciencia. \u00bfQu\u00e9 significa Dios para m\u00ed y c\u00f3mo doy testimonio de mi fe en \u00c9l? \u00bfEs realmente el \u00fanico Dios el Se\u00f1or de la vida, o son los \u00eddolos m\u00e1s importantes que Dios y sus mandamientos? \u00bfEs Dios para m\u00ed el Dios vivo, cercano a m\u00ed en cada situaci\u00f3n, el Padre al que me dirijo con confianza filial? \u00bfEs el Creador a quien debo todo lo que soy y todo lo que tengo, aquel cuyas huellas puedo encontrar en cada criatura? \u00bfEstoy dispuesto a compartir justa y equitativamente los bienes de la tierra, que pertenecen a todos? \u00bfC\u00f3mo trato a la creaci\u00f3n, que es obra de sus manos? \u00bfLa utilizo con reverencia y gratitud, o la exploto y destruyo, en lugar de preservarla y cultivarla como hogar com\u00fan de la humanidad?         <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn13\">[13]<\/a><\/p>\n\n<p>11. En el coraz\u00f3n del Credo Niceno-Constantinopolitano est\u00e1 la profesi\u00f3n de fe en Jesucristo, nuestro Se\u00f1or y Dios. \u00c9ste es el coraz\u00f3n de nuestra vida cristiana. Por eso nos comprometemos a seguir a Jes\u00fas como Maestro, compa\u00f1ero, hermano y amigo. Pero el Credo Niceno pide m\u00e1s: nos recuerda que no olvidemos que Jesucristo es el Se\u00f1or<em>(Kyrios<\/em>), el Hijo del Dios vivo, que \u00abpor nuestra salvaci\u00f3n baj\u00f3 del cielo\u00bb y muri\u00f3 \u00abpor nosotros\u00bb en la cruz, abri\u00e9ndonos el camino a una vida nueva mediante su resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n.   <\/p>\n\n<p>Por supuesto, el <em>camino<\/em> de Jesucristo no es un camino ancho y c\u00f3modo, pero es un camino, a menudo exigente e incluso doloroso, que siempre conduce a la vida y a la salvaci\u00f3n (cf. <em>Mt <\/em>7, 13-14). Los Hechos de los Ap\u00f3stoles hablan del camino nuevo (cf. <em>Hch <\/em>19, 9.23; 22, 4.14-15.22), que es Jesucristo (cf. <em>Jn<\/em> 14, 6): seguir al Se\u00f1or compromete nuestros pasos en el camino de la cruz, que, mediante el arrepentimiento, nos conduce a la santificaci\u00f3n y a la divinizaci\u00f3n. <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn14\">[14]<\/a> <\/p>\n\n<p>Si Dios nos ama con todo su ser, tambi\u00e9n debemos amarnos los unos a los otros. No podemos amar a Dios, a quien no vemos, sin amar tambi\u00e9n al hermano y a la hermana que s\u00ed vemos (cf. <em>1 Jn <\/em>4,20). El amor a Dios sin amor al pr\u00f3jimo es hipocres\u00eda; el amor radical al pr\u00f3jimo, sobre todo el amor a los enemigos sin amor a Dios, es un hero\u00edsmo que nos abruma y nos oprime. Siguiendo las huellas de Jes\u00fas, la ascensi\u00f3n hacia Dios implica descender y dedicarnos a nuestros hermanos, especialmente a los \u00faltimos, los m\u00e1s pobres, los abandonados y los marginados. Lo que hemos hecho a los m\u00e1s peque\u00f1os, se lo hemos hecho a Cristo (cf. <em>Mt <\/em>25,31-46). Frente a las cat\u00e1strofes, las guerras y la miseria, s\u00f3lo podremos dar testimonio de la misericordia de Dios a las personas que dudan de \u00e9l cuando experimenten su misericordia a trav\u00e9s de nosotros.       <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn15\">[15]<\/a><\/p>\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/maxresdefault-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13516\" style=\"width:338px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/maxresdefault-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/maxresdefault-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/maxresdefault-768x432.jpg 768w, https:\/\/www.chapelle-sainte-rita.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/maxresdefault.jpg 1280w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n<p>12. Por \u00faltimo, el Concilio de Nicea sigue siendo relevante hoy en d\u00eda por su gran valor ecum\u00e9nico. Lograr la unidad de todos los cristianos fue uno de los principales objetivos del \u00faltimo Concilio, <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/index_fr.htm\">el Vaticano II<\/a>. <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn16\">[16]<\/a> <a href=\"https:\/\/www.deepl.com\/it\/translator-windows?windows_app_version=25.10.3.18629%2bb81dde58483d1433cebbfb8a41c34b72ea4e2310&amp;theme=0#_ftn1\"><\/a>Hace exactamente treinta a\u00f1os, <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/fr.html\">San Juan Pablo II<\/a> continu\u00f3 y promovi\u00f3 el mensaje conciliar en su enc\u00edclica <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/fr\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html\">Ut unum sint<\/a> <\/em>(25 de mayo de 1995). As\u00ed pues, junto con el gran aniversario del primer Concilio de Nicea, celebramos tambi\u00e9n el aniversario de la primera enc\u00edclica ecum\u00e9nica. Esta enc\u00edclica puede considerarse como un manifiesto que actualiza los fundamentos ecum\u00e9nicos establecidos por el Concilio de Nicea.   <\/p>\n\n<p>Gracias a Dios, el movimiento ecum\u00e9nico ha conseguido mucho en los \u00faltimos sesenta a\u00f1os. Aunque a\u00fan no se haya alcanzado la plena unidad visible con las Iglesias ortodoxas y ortodoxas orientales y con las comunidades eclesiales nacidas de la Reforma, el di\u00e1logo ecum\u00e9nico nos ha llevado, sobre la base del \u00fanico bautismo y del Credo niceno-constantinopolitano, a reconocer a nuestros hermanos y hermanas en Jesucristo en los hermanos y hermanas de otras Iglesias y comunidades eclesiales, y a redescubrir la comunidad \u00fanica y universal de los disc\u00edpulos de Cristo en todo el mundo. En efecto, compartimos la fe en el \u00fanico Dios, Padre de todos, confesamos juntos al \u00fanico Se\u00f1or y verdadero Hijo de Dios Jesucristo y al \u00fanico Esp\u00edritu Santo, que nos inspira e impulsa a la plena unidad y al testimonio com\u00fan del Evangelio. \u00a1Lo que nos une es verdaderamente mucho m\u00e1s grande que lo que nos separa! [ <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftn17\">17]<\/a> As\u00ed, en un mundo dividido y desgarrado por numerosos conflictos, la \u00fanica Comunidad cristiana universal puede ser signo de paz e instrumento de reconciliaci\u00f3n, contribuyendo decisivamente a un compromiso mundial por la paz. <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/fr.html\">San Juan Pablo II<\/a> nos record\u00f3 en particular el testimonio de los numerosos m\u00e1rtires cristianos de todas las Iglesias y comunidades eclesiales: su memoria nos une y nos anima a ser testigos y constructores de paz en el mundo.   <\/p>\n\n<p>Para ejercer este ministerio de forma cre\u00edble, necesitamos caminar juntos hacia la unidad y la reconciliaci\u00f3n entre todos los cristianos. El Credo Niceno puede ser la base y el punto de referencia de este camino. Nos ofrece un modelo de verdadera unidad en la leg\u00edtima diversidad. Unidad en la Trinidad, Trinidad en la Unidad, porque la unidad sin multiplicidad es tiran\u00eda, y la multiplicidad sin unidad es desintegraci\u00f3n. La din\u00e1mica trinitaria no es dualista, como una <g id=\"gid_1\">autoautonom\u00eda<\/g> exclusiva, sino un v\u00ednculo vinculante, un <g id=\"gid_2\">y-y<\/g>: el Esp\u00edritu Santo es el v\u00ednculo de unidad que adoramos con el Padre y el Hijo. Por tanto, debemos dejar atr\u00e1s las controversias teol\u00f3gicas que han perdido su raz\u00f3n de ser y adquirir un pensamiento com\u00fan y, m\u00e1s a\u00fan, una oraci\u00f3n com\u00fan al Esp\u00edritu Santo, para que nos re\u00fana a todos en una sola fe y un solo amor.     <\/p>\n\n<p>Esto no significa un ecumenismo de retorno al estado anterior a las divisiones, ni un reconocimiento mutuo del <em>statu quo <\/em>actual de la diversidad de Iglesias y comunidades eclesiales, sino un ecumenismo vuelto hacia el futuro, de reconciliaci\u00f3n en la v\u00eda del di\u00e1logo, de intercambio de nuestros dones y de nuestro patrimonio espiritual. Restablecer la unidad entre los cristianos no nos empobrece; al contrario, nos enriquece. Como en Nicea, este objetivo s\u00f3lo ser\u00e1 posible mediante un proceso paciente, largo y a veces dif\u00edcil, de escucha y acogida mutuas. Es un reto teol\u00f3gico y, m\u00e1s a\u00fan, un reto espiritual, que exige el arrepentimiento y la conversi\u00f3n de todos. Por eso necesitamos un ecumenismo espiritual de oraci\u00f3n, alabanza y adoraci\u00f3n, como el que se alcanz\u00f3 en el Credo Constantinopolitano de Nicea.    <\/p>\n\n<p>As\u00ed que invoquemos al Esp\u00edritu Santo para que nos acompa\u00f1e y nos gu\u00ede en esta empresa.<\/p>\n\n<p>Esp\u00edritu Santo de Dios, t\u00fa gu\u00edas a los creyentes por el camino de la historia.<\/p>\n\n<p>Te damos gracias por haber inspirado los S\u00edmbolos de la Fe y por inspirar en nuestros corazones la alegr\u00eda de profesar nuestra salvaci\u00f3n en Jesucristo, Hijo de Dios, consustancial al Padre. Sin \u00c9l, no podemos hacer nada. <\/p>\n\n<p>T\u00fa, Esp\u00edritu eterno de Dios, de edad en edad rejuveneces la fe de la Iglesia. Ay\u00fadanos a profundizarla y a volver siempre a lo esencial para proclamarla. <\/p>\n\n<p>Para que nuestro testimonio en el mundo no sea inerte, ven, Esp\u00edritu Santo, con tu fuego de gracia, reaviva nuestra fe, enci\u00e9ndenos de esperanza, haznos arder de caridad.<\/p>\n\n<p>Ven, divino Consolador, t\u00fa que eres armon\u00eda, a unir los corazones y las mentes de los creyentes. Ven y danos a probar la belleza de la comuni\u00f3n. <\/p>\n\n<p>Ven, Amor del Padre y del Hijo, a reunirnos en el \u00fanico reba\u00f1o de Cristo.<\/p>\n\n<p>Mu\u00e9stranos los caminos a seguir, para que por tu sabidur\u00eda volvamos a ser lo que somos en Cristo: uno y el mismo, para que el mundo crea. Am\u00e9n.<\/p>\n\n<p><em>Del Vaticano, 23 de noviembre de 2025, Solemnidad de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo Rey del Universo.<\/em><\/p>\n\n<p>LE\u00d3N PP. XIV <\/p>\n\n<p>_______________________<\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref1\">1]<\/a> L.H. Westra,  <em>El Credo de los Ap\u00f3stoles. Origen, historia y algunos comentarios antiguos <\/em>Turnhout 2002 (= <em>Instrumenta patristica et mediaevalia<\/em>, 43).<\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref2\">2]<\/a> Conc. Nicea I, <em>Expositio fidei<\/em>: CC COGD 1, Turnhout 2006, 19 <sup>6-8<\/sup>. <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref3\">3]<\/a> S. Atanasio de Alejandr\u00eda, <em>Contra arianos<\/em>, I, 9, 2 (ed. Metzler, <em>Athanasius Werke<\/em>, I\/1,2, Berl\u00edn &#8211; Nueva York 1998, 117-118). De las afirmaciones de San Atanasio en <em>Contra arianos<\/em> I, 9, se desprende que <em>homoo\u00fasios<\/em> no significa \u00abde la misma sustancia\u00bb, sino \u00abde la misma sustancia\u00bb que el Padre; no se trata, pues, de igualdad de sustancia, sino de identidad de sustancia entre el Padre y el Hijo. Por tanto, la traducci\u00f3n latina de <em>homoo\u00fasios<\/em> habla correctamente de <em>unius substantiae cum Patre<\/em>.   <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref4\">4]<\/a> S. Atanasio de Alejandr\u00eda, <em>Contra arianos<\/em>, I, 38, 7 &#8211; 39, 1: ed. Metzler, <em>Athanasius Werke<\/em>, I\/1,2, 148-149. <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref5\">5]<\/a> Cf. San Atanasio de Alejandr\u00eda, <em>De incarnatione Verbi, <\/em>54, 3: SCh 199, Par\u00eds 2000, 458; id. <em>Contra arianos<\/em>, I, 39; 42; 45; II, 59ss: ed. Metzler, <em>Athanasius Werke<\/em>, I\/1,2, 149; 152, 154-155 e 235ss. <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref6\">6]<\/a> Cf. Agust\u00edn, <em>Confesiones<\/em>, I, 1: CCSL 27, Turnhout 1981, 1. <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref7\">7]<\/a> Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>In Symbolum Apostolorum<\/em>, art. 12: ed. Spiazzi, <em>Thomae Aquinatis, Opuscula theologica<\/em>, II, Taurini &#8211; Romae 1954, 217. <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref8\">8]<\/a> Cf. San Basilio de Cesarea, <em>De Spiritu Sancto, <\/em>30, 76: SCh 17bis, Par\u00eds 2002 <sup>2<\/sup>, 520-522. <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref9\">9]<\/a> S. Hilario de Poitiers, <em>Contra arianos seu contra Auxentium, <\/em>6: PL 10, 613. Recordando la voz de los Padres, el docto te\u00f3logo, entonces Cardenal y ahora Santo y Doctor de la Iglesia John Henry Newman (1801-1890) estudi\u00f3 esta controversia y lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que el Credo Niceno fue preservado sobre todo por el <g id=\"gid_2\">sensus fidei<\/g> del pueblo de Dios. Cf. <em>Sobre la consulta a los fieles en materia de doctrina<\/em> (1859).  <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref10\">10]<\/a> Conc. Constantinopla I, <em>Expositio fidei<\/em>: CC,   <em>Conc. Oec. Gen. Decr   <\/em>. 1, 57 <sup>20-24<\/sup>. La afirmaci\u00f3n \u00aby procede del Padre y del Hijo <em>(Filioque<\/em>)\u00bb no se encuentra en el texto de Constantinopla; fue insertada en el Credo latino por el papa Benedicto VIII en 1014 y es objeto de un di\u00e1logo ortodoxo-cat\u00f3lico. <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref11\">11]<\/a> Conc. Calcedonia, <em>Definitio fidei<\/em>: CC,   <em>Conc. Oec. Gen. Decr   <\/em>. 1, 137 <sup>393-138<\/sup> <sup>411<\/sup>.<\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref12\">12]<\/a> Conc. Vat. II, Pas. <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_fr.html\">Gaudium et spes<\/a><\/em>19: <em>AAS<\/em> 58 (1966), 1039.   <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref13\">13]<\/a> Cf. Francisco, Lett. enc. <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/fr\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html\">Laudato si&#8217;<\/a> <\/em>(24 de mayo de 2015), <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/fr\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#67.\">67<\/a>; <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/fr\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#78.\">78<\/a>; <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/fr\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#124.\">124<\/a>: <em>AAS<\/em> 107 (2015), 873-874; 878; 897.  <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref14\">14]<\/a> Cf. \u00eddem, Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Gaudete et exultate. <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/fr\/apost_exhortations\/documents\/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html#92\">Gaudete et exsultate<\/a> <\/em>(19 de marzo de 2018), 92: <em>AAS<\/em> 110 (2018), 1136.  <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref15\">15]<\/a> Cf. carta enc. Id. <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/fr\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html\">Fratelli tutti<\/a> <\/em>(3 oct. 2020), <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/fr\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#67\">67<\/a>; <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/fr\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#254\">254<\/a>: <em>AAS<\/em> 112 (2020), 992-993; 1059.  <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref16\">16]<\/a> Cf. Vat. II, Decr. <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_fr.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/em>1: <em>AAS<\/em> 57 (1965), 90-91.   <\/p>\n\n<p>[<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiv\/fr\/apost_letters\/documents\/20251123-in-unitate-fidei.html#_ftnref17\">17]<\/a> Cf. Papa Juan Pablo II, Inc. <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/fr\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html\">Ut unum sint<\/a> <\/em>(25 de mayo de 1995), 20: <em>AAS<\/em> 87 (1995), 933.  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>IN UNITATE FIDEI CON MOTIVO DEL 1700 ANIVERSARIO DEL CONCILIO DE NICEA 1. En la unidad de la fe, proclamada desde los or\u00edgenes de la Iglesia, los cristianos est\u00e1n llamados a caminar juntos, custodiando y transmitiendo con amor y alegr\u00eda el don que han recibido. 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